Curiosidad. Sinceridad. Belleza. Tres conceptos como seña de identidad de un oficio tremendamente necesario

Editar siempre es un arte. La afirmación es de Ricard Peris, editor y cofundador de Andana Editorial, que añade a su reflexión una coletilla, un matiz importante: “pero en el caso específico del público infantil el nivel artístico debe ser más elevado”. ¿Por qué?, le pregunto. “Estamos ofreciendo a muchos niños y niñas la llave de entrada al mundo artístico, y si los primeros pasos no son firmes tenemos el peligro de no ofrecer confianza a los futuros lectores. Estamos poniendo los cimientos, y eso siempre es importante”, responde.

En el fortalecimiento de esos cimientos trabajan cada día más editoriales. Las especializadas en el público infantil, por supuesto, que crecen en número a un ritmo vertiginoso; pero también las que estando enfocadas en sus orígenes al lector adulto han visto en el mercado de la literatura infantil y juvenil un nicho creciente, ajeno al impacto que la tecnología ha tenido en el mundo editorial. El libro infantil, y más concretamente el álbum ilustrado, es un regalo, una pequeña joya que mantiene viva la tradición oral de contar historias, una invitación al tiempo compartido entre padres e hijos. No hay tableta, libro electrónico o tecnología que pueda competir con él.

Las editoriales lo saben. De ahí el auge de la literatura infantil. Cada vez se publican más libros. Y con mayor frecuencia. “Casi de forma compulsiva”, define la realidad Luis Larraza, cofundador y editor de Bookolia. La mayoría de títulos apenas consiguen hacerse un hueco en los escaparates durante algunos días. Enseguida llegan otros que les sustituyen. Y la rueda sigue girando. ¿Puede morir de éxito el álbum ilustrado? “A pesar del masivo lanzamiento de novedades, que a veces es imposible absorber, el lector hace su propia selección y recurre a aquellas editoriales que le garantizan cierta calidad demostrada. Hay editoriales con poca producción que hacen verdaderas maravillas”, afirma.

Su opinión la comparte Enrique Redel, editor de Impedimenta, que considera que vivimos en Europa una “era dorada” de la literatura ilustrada para niños. “La calidad de las ediciones es altísima y la variedad de la oferta tremenda. El nivel es tan alto que te obliga a superarte constantemente y a seleccionar mucho”, sostiene. En parte, también, porque el público de la literatura infantil, padres e hijos, es cada vez más exigente, una consecuencia lógica para Redel del aumento del nivel en el sector: “ahora puedes elegir entre cada vez más títulos mejor editados, así que no aceptas un libro malo, o mal hecho o ramplón”.

En el mismo sentido se pronuncia Ricard Peris, que cree que el público cada vez se informa más a la hora de comprar un álbum, algo a lo que han contribuido en su opinión los medios digitales, las redes y los blogs: “Es evidente que en los medios tradicionales la LIJ ha importado muy poco, pero los medios digitales están descubriendo que hay más interés del que muchos creían”.

Esta exigencia la ven los tres editores como positiva, tanto para sus propias editoriales como para el conjunto del sector, ya que como explica Redel “obliga a seleccionar mejor, a ser más profesional, a trabajar a mayor altura”. E incluso a aprender de la competencia. “Como lectores y padres en Andana estamos pendientes de la competencia, nos encantan libros que publican otras editoriales y los leemos y compartimos con nuestros hijos. Es evidente que cuando lees libros de otras editoriales que te gustan descubres nuevas perspectivas que te hacen crecer como editor, y tus exigencias van cambiando”, reflexiona Peris.

Apostar por títulos propios o por la importación

Como en todo el sector editorial, en el mundo de la LIJ la publicación de nuevos títulos bebe de tres corrientes: la producción propia, la importación de obras extranjeras y la recuperación de clásicos, una tarea esta última a la que se han dado con ahínco desde hace tiempo editoriales como Kalandraka y a la que se han sumado últimamente otras como Blackie Books.

Por la publicación de títulos propios con textos e ilustraciones de creadores españoles han apostado por ejemplo en Bookolia. “Hay mucho talento y el auge del álbum ilustrado está generando más creatividad aún. Los editores, como promotores culturales que somos, tenemos cierta responsabilidad en aflorar toda esa creatividad para devolverla como producto generando con ello un espacio cultural más rico”, explica Luis Larraza, que ve dos principales ventajas de su apuesta desde el punto de vista comercial: la posibilidad de venta de derechos y el hecho de tener cerca al autor y/o ilustrador, lo que facilita “enormemente” la promoción del libro y la atracción del público fidelizado.

El camino opuesto siguen desde Impedimenta. Su pequeño pero cuidado catálogo está constituido en su totalidad por obras traducidas, una estrategia con la que Enrique Redel reconoce que se sienten “muy cómodos”. Entre las ventajas de su apuesta, señala el editor, estaría el contratar un proyecto ya terminado, “que conoces a priori y del que además tienes pistas sobre posibles puntos con relación a su recepción crítica”, ya sea a modo de reseñas o premios, que a la editorial pueden servirle como apoyo a la comercialización y la promoción en España.

La duda es si a la hora de comprar los derechos de un libro, sus ventas en otros países pueden ser sinónimo de éxito en España. “Dejarse llevar por las cifras de venta en otros países no es siempre una garantía de éxito para un libro. Nosotros lo hemos experimentado en nuestras propias carnes”, sostiene Ricard Peris. En Andana tienen los derechos de algunos de los autores de literatura infantil más importantes internacionalmente (Oliver Jeffers, Benji Davies, Rob Biddulph o Mo Willems), pero también publican títulos propios de autores españoles.

De la importación, Peris destaca como ventaja que los libros hayan contado en su proceso de edición con las aportaciones de muchas personas (editores y directores de arte), que ayudan a enriquecer el álbum: “Sumar personas al proceso de edición de un libro siempre es una ventaja. Además, esto también te permite aprovechar la experiencia de culturas editoriales donde la LIJ lleva ya más años de experiencia que en España”. Como desventajas señala la no proximidad del autor y el hecho de que en muchas ocasiones los libros “no se ajustan por completo” al mercado editorial español.

Qué buscan los editores

Los libros dirigidos al público infantil requieren de una sinceridad extraordinaria”, afirma Luis Larraza. Y esa sinceridad en las historias es la que buscan en Bookolia. “Apostamos por historias sinceras, que hablen a los niños y comuniquen a los adultos, historias que sorprendan también, que generen interés en conocer, que conmuevan o que simplemente diviertan. Cuando un texto llega a nuestras manos y reúne todos estos elementos, no nos cabe duda, ¡lo queremos en nuestro catálogo!”, explica.

Si algo destaca de Impedimenta, por su parte, es la belleza de su catálogo. Y es que, como apunta Enrique Redel, en su editorial “pesa más el componente estético, la belleza del libro, la consideración del álbum como un objeto no educativo, sino placentero”. No les interesan a priori los elementos didácticos, ni el valor educativo del libro, porque para Redel la dimensión lúdica del libro “es clave y está por encima” de su función educativa. “Pretendemos que el libro sea un objeto bello, divertido, interesante, provocador y hermoso que nos llame la atención como editores”, añade.

En Andana, por último, hay un concepto que explica en parte la elección de los libros: la convivencia. “Sé que deberíamos ver a cada libro de forma independiente, pero eso es imposible. Un nuevo libro siempre se ve desde los ojos de las lecturas anteriores, del catálogo que hemos creado. Valoramos mucho saber cómo va a convivir ese libro con el resto de títulos que hemos publicado”, explica Ricard Peris, que concluye que tanto en su faceta de editores como de lectores les gustan los libros “que valoran al lector, que no le dan toda la información masticada y que despiertan la curiosidad”.

Curiosidad. Sinceridad. Belleza. Tres conceptos como seña de identidad de un arte tremendamente necesario: el de editar libros infantiles.

FUENTE: EL PAÍS

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