• Fue la primera edición popular encargada por la RAE.
  • Era ligeramente más pequeña que ediciones anteriores.

El Quijote se publicó por primera vez en 1605, y, debido a su éxito, recibió numerosas ediciones posteriores. Pasado ya un siglo de su aparición, lo normal era recurrir a las reimpresiones, algo que, sin dejar de lado la calidad de los libros de la época, comenzó a dar algunos problemas con los grabados, que se veían cada vez más borrosos. Entonces, ya en 1780, la RAE decidió tomar cartas en el asunto y encargó la mejor edición hasta la época, gracias a la financiación de Carlos III.

El trabajo no se lo encargaron a cualquiera, sino que recayó en uno de los grandes impresores de la época: Joaquín Ibarra, que había logrado un gran reconocimiento por su edición de 1772 de Catilina y la guerra de Yugurta. La idea a la hora de crear este nuevo Quijote estaba clara, había que partir de cero a nivel de impresión.

Para eso, no se escatimó en tiempo y dinero. El papel utilizado se encargó a propósito para el libro, y se fundieron nuevos tipos exclusivos para la edición. Hay que recordar que estamos en una época donde cada letra tenía su tipo propio, y las páginas se componían a mano. Crear una tipografía para un libro era algo excepcional.

Se escogieron 33 pasajes especiales para ser ilustrados, y las láminas encargadas son de las más bellas de la historia. Artistas como Antonio Carnicero, José del Castillo, José Brunete o Gregorio Ferro trabajaron en el aspecto visual, que incluyó un mapa realizado por Tomás López, que era, en la época, geógrafo del rey Carlos III. Al final, el Quijote de 1780 salió publicado en cuatro grandes volúmenes que incluían, además de la novela, una biografía y análisis de Vicente de los Ríos y una cronología para ver el desarrollo de la historia. Sin duda, una verdadera obra de arte.

Pero dos años más tarde, la RAE decidió dar un paso más. Con la idea de hacer más popular la novela de Cervantes, y de aprovechar el trabajo de Ibarra, se prepararon dos nuevas ediciones que salieron en 1782 y 1787. Se limitó el tamaño de los libros y se bajó la calidad del papel, buscando un menor coste y mejor distribución.

El resultado fue lo que se conoce como Quijote chico, un gran ejemplo de edición popular, para la época, que era capaz de transmitir, a pequeña escala, la grandeza de la edición anterior. El resultado fue el que se esperaba, ya que los 8.000 ejemplares de ambas tiradas se agotaron en poco tiempo.

Una tercera edición todavía más reducida y sin ilustraciones estuvo a punto de ver la luz, pero el proyecto se canceló al aparecer otra impresión del Quijote, obra de Gabriel de Sancha. Hay que tener en cuenta que el mercado de la época no daba para una gran variedad de ediciones del mismo título.

Para los más curiosos, el archivo de la RAE permite el visionado de las láminas de cobre creadas para la edición de este Quijote chico.

FUENTE: LECTURALIA

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