8 ideas equivocadas sobre lo que es escribir para niños

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Ya son muchos, muchos años, leyendo libros para niños. Leyendo libros de todo tipo y género, para todas las edades, sorprendiéndome cada vez que un libro logra conmoverme o me parece original. En todos estos años, y sobre todo después de haber comenzado este blog, me han llegado solicitudes para leer la obra de escritores que quieren comenzar sus pasos con libros infantiles. Lamentablemente observo una serie de «maneras de escribir pensando en los niños» que provienen de lugares comunes desde los que es difícil crear nuevos libros. Por este motivo me he animado a escribir esta entrada. Conste que soy de las que piensa que escribir desde el «no» es siempre más fácil que desde el «sí»: quiero decir que no sé si, por ejemplo, me animaría a hacer una entrada titulada: 10 buenas ideas sobre lo que es escribir para niños.

Pero aquí va esta selección. Al menos habrá una sonrisa de complicidad en muchos. Decir por último que estas ideas se encuentran en originales sin publicar pero también -y muchísimo- en libros publicados que están en circulación.

1-A mis hijos les encantan las historias que les cuento antes de dormir
Por eso, a todos los niños en general, les debería gustar también, ¿o no? Esto se aplica igualmente a abuelos que se inventan el cuento, a docentes que hacen lo mismo en sus aulas, y a casi cualquier situación donde uno tenga rendidos a los niños, bien porque tienen que estar (escuela), bien porque necesitan ese momento (padres antes de dormir). Ese momento de complicidad absoluta y de afecto no se da de forma tan espontánea cuando la historia está sobre el papel y la van a leer otros niños en situaciones completamente diferentes (una biblioteca, una librería, un adulto leyendo el libro). En el relato espontáneo hay mucha tolerancia a las imperfecciones de la historia, absurdos improvisados o, simplemente, sentimentalismo.

2- Los cuentos para niños tienen una lección
Es una vieja demanda de la pedagogía, el aprendizaje de la lectura y la escuela. Ya que estamos aquí, pues que al menos aprenda algo. Por ese motivo se piensa siempre en el mensaje del cuento y se intenta ponerlo lo más clarito posible. ¿Lo literario? Bah, son pequeños, mejor que tengan muy claro lo que es correcto e incorrecto para poder reconocerlo en la vida real. Según este principio, autores, editores y docentes premian libros donde se puede reconocer claramente cuál es el mensaje, dónde están los «valores» y de qué manera la lectura de ese libro va a contribuir a formar una buena persona.

3- Escribir para niños es más sencillo que para adultos
¡Claro! Total, tienen menos vocabulario, saben menos cosas y hasta hay que escribir menos palabras. Basta con juntar unas cuantas cositas y tienes el cuento. Escribir las cosas de forma sencilla es, por lo general, más difícil que no tener que seleccionar palabras ni niveles de lectura. Cuando no se tiene en cuenta aparecen libros llenos de frases simples, mucha acción, mucho diálogo («para qué complicarnos con descripciones»), escasa experimentación y temas trillados.

4- Tengo una idea genial y necesito un ilustrador/a
Por lo general, una idea no es una historia. Repetimos: una idea no es una historia. Es difícil hacer ver este punto a escritores que quieren estirar una anécdota, basar una historia en un chiste, o simplemente, tener un momento de genialidad. Una historia tiene muchas capas, aunque no se vean, e implica una profunda reflexión sobre los personajes, las situaciones que viven, el tiempo, el espacio… Por eso muchos piensan que lo que necesitan es un ilustrador/a que les dibuje lo que a ellos les falta. Pero si un ilustrador no tiene el volumen necesario en una historia, apenas podrá intrerpretarla.

5- Los niños piensan en abstracto
¡A los niños les gusta mucho la fantasía! Esta es una idea que lleva a muchos escritores a descuidar la versimilitud. Total, si los animales hablan, puede pasar todo. Pongamos ejemplos: una niña que conversa por las noches con su almohada, un niño cuya bicicleta le ayuda a sortear peligros, una abuela que vuela, las letras de un libro que se escapan para vivir su propia aventura, etc. En muchos casos, el autor no se toma la molestia de justificar esa fantasía y, mucho menos, pensar en por qué ocurren las cosas.

6- El libro ideal para niños tiene acción, suspense y aventuras
Cuando se leen las contracubiertas de los libros tenemos la impresión de que se repite un modelo sin parar: por ejemplo, algo ha desaparecido (un cuadro en un museo, un niño, algo en el cole) o ha modificado su comportamiento (la panadería ha cerrado inexplicablemente, una niña de una pandilla ya no se habla con las demás) y la trama gira alrededor de este hecho de suspense. Se suceden entonces carreras, reuniones secretas, se aventuran hipótesis, se encuentra la solución al misterio. Es una manera excelente de crear futuros lectores… de novela policíaca.

7-Soy cuentacuentos y los cuentos que me invento les gustan mucho a los niños
Este punto se puede relacionar con el 1 con la nota de que, en la actualidad, hay muchos cuentacuentos que están publicando sus propias historias, y hasta reciben premios por ellas. El cuentacuentos tiene una práctica en las estructuras narrativas que le favorece a la hora de inventarse una historia. Pero un cuento contado no siempre funciona cuando se escribe, y mucho menos cuando se ilustra. El espacio imaginario que propone el contador cuando empieza su historia lo completa cada niño de una manera u otra y esa es la maravilla de la tradición oral. Verlo en un álbum a todo color con la interpretación que ha hecho el ilustrador empequeñece en muchas ocasiones una historia con matices y, por lo general, el texto queda reducido a una anécdota que no siempre se entiende.

8- No sé contar historias pero tengo mucha sensibilidad
Sí, y los niños son seres con mucha sensibilidad.Esto quiere decir que a los niños vamos a hablarles de la luna y de las estrellas del mar y del viento y tal vez de las nubes, porque son objetos llenos de romanticismo y a los niños les encantan los momentos poéticos. Y en este caso no necesitamos ninguna historia porque ¿no es cierto que hablar de contemplar el cielo estrellado, y escribirlo en un libro, es una idea que les va a encantar? ¿A que vamos a ayudarles a desarrollar su imaginación? Si a esto le añadimos que no hay que tirar basura en la playa, tenemos el libro perfecto. Sí.

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